¿Es posible ser agnóstico y masón¿

 ¿Es posible ser agnóstico y masón¿

agnosticismo
agnosticismo

En un medio como este donde no debieran existir anatemas, ni prejuicios, un título así no debería ocasionar ningún problema, más aun si estas pocas líneas se consideran como las dudas de un eterno aprendiz. Desde mi punto de vista, el esoterismo y el tener un sentido trascendente de la vida nada tienen que ver con creencias.

Nuestro tiempo (al igual que otros más lejanos aunque no mucho mas oscuros) se caracteriza por el  vertiginoso avance de la tecnología, que a la mayoría se nos escapa a la comprensión, pero al mismo tiempo una curiosa tendencia al abandono de lo racional en los aspectos intelectuales.

En primer lugar me gustaría dejar claros unos conceptos, a veces confundidos a pesar de su obviedad.

El agnosticismo (del griego a = no y gnosis = conocimiento) es una postura religiosa y/o filosófica sobre la religión de acuerdo a la cual la existencia o no de un dios, es desconocida, aunque no por eso se niega su existencia. En algunos casos esta falta de certeza o conocimientos es una postura personal mas relacionada con el escepticismo. En otros casos se afirma que el conocimiento sobre la existencia o no de seres superiores no sólo no ha sido alcanzado, sino que en el caso de existir, por su propia esencia divina no seria alcanzable por la limitada mente humana. Al contrario el  término ateísmo se puede interpretar de dos formas distintas: la indiferencia por la existencia de las divinidades o sus mandamientos, y la no creencia y negación en la posibilidad de su existencia. El término proviene del adjetivo griego αθεος (atheos), que significaba ‘sin dios’ (en cualquiera de los dos sentidos, de no creer en uno o más dioses o de no venerarlos debidamente)

G.·.A.·.D.·.L.·.M.·.

Para el masón el Gran Arquitecto De Los Mundos  es el Principio Creador, organizador del Universo. Pero ningún dogma le está relacionado. Para muchos, las creencias son un velo que nos hace percibir una realidad deformada. Muchos pensamos que para crecer espiritualmente hemos de comenzar conociéndonos a nosotros mismos, en profundidad. Observar nuestros instintos, nuestros miedos, nuestra mente profunda, nuestro subconsciente, conocernos siempre más profundo y más lejos, más allá de la desaparición de los pensamientos y emociones, más allá de la alegría, del miedo que surge ante la propia muerte, más allá del profundo y gran vacío que aparece cuando tan solo una luz de consciencia observa un abismo sin fronteras, sin tiempo, ni dimensión, ni espacio…

Lo que somos los seres humanos nada tiene que ver con lo que creemos o imaginamos. La realidad es la que es, y no necesita estar de acuerdo con  nuestras creencias.  La historia nos muestra cuántas veces los seres humanos hemos creído cosas equivocadas. Denunciado por Calvino se llegó a quemar el 27 de octubre de 1553 a Miguel Servet por hereje, por decir que la sangre circulaba por los vasos sanguíneos, en contra de las creencias establecidas. La razón se habría paso entre las creencias establecidas en su época. Así encontró la circulación de la sangre. Si hubiese creído ciegamente, seguiríamos en el error. Para muchos, las creencias son un velo que nos hace percibir una realidad deformada.

Tanto Anderson como Desaguliers, siendo pastores anglicanos, no podían ser menos prejuiciosos que la sociedad en que se desenvolvían. Por eso tacharon a “los ateos como libertinos” y hasta “estúpidos”… sin dejar claro, que los ateos no son seres humanos que no creen en nada, sino pensantes que se encuentran en la búsqueda de explicaciones sobre el todo que nos toca vivir. Bien es cierto que la “Fe” en Dios es un acto propio de la voluntad de cada ser humano, masón o no, pero la francmasonería es un ámbito de pensamiento en el que estamos en busca de La Verdad. Y esa presunta verdad no tiene nada que ver con la Fe sino con la Razón. Y el hecho de admitir que todo lo existente ha sido “creado” resulta ser, sencillamente, una “creencia” de tipo religioso, que nada tiene que ver con La Razón, forma de trabajo en masonería. Nada en la ciencia nos invita a pensar en un origen divino del Universo -sea el Big-Bang, o cualquier otra teoría  sobre el origen de la materia… espiritual o no.

La muerte de Hiram tiene un profundo contenido esotérico, y muchos que no creemos, y solamente observamos, vemos en esa historia la muerte de nuestra propia mente e identificación con el ego, y el surgir de una conciencia universal completamente nueva y diferente, que aparece, justamente, porque ninguna creencia nos impidió encontrarla.

Es sano y bueno que haya muchos caminos para que cada uno elija el suyo, el que mejor se adapte a su personalidad y circunstancias. Es la riqueza y pluralidad de la Masonería. Todo esto me recuerda una antigua leyenda hindú según la cual un sabio encierra un elefante en una habitación con múltiples ventanas, y sienta delante de cada una de ellas a un sabio de diferentes países, donde nunca antes han visto a un elefante. Después de varios días estudiando la parte que ven a través de SU ventana, se les pregunta qué es lo que hay en la habitación. Las respuestas son fáciles de imaginar. Al fin y al cabo sólo han tenido acceso a una vista parcial de un todo. ¿Qué les quedaría por hacer para conocer la verdad? Sacar el elefante de la habitación y adquirir el conocimiento, o tener Fe y creer lo que les diga el sabio y caer en sus mismos errores.

No soy capaz de comprender la biblia aun después de haber estado, unos años en un seminario, (o precisamente por ello)  pero no la descarto ni la descalifico, pues dejando a un lado las interpretaciones posteriores por parte de la religión cristiana, en si, contiene una gran cantidad de enseñanzas y es parte fundamental de la historia de la humanidad.  No estoy cautivo de ninguna religión, pero respeto toda variedad de creencias y religiones. Sin embargo creo que el hombre debería de buscar a   Dios “en si” y “por si”. Para mí, Dios es el arquetipo, el ideal o anhelo de perfección más grande que el hombre pueda concebir y desear alcanzar… en si mismo.

“Que no hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido dicho; ni en las tradiciones, porque han sido transmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores como tales; ni en los escritos de los sabios, porque ellos los han escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos han sido inspiradas por un deva); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual que hemos hecho; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. “Por eso” dice, “les he enseñado a no creer por el solo hecho de haberlo oído decir; pero que cuando crean con toda conciencia, entonces actúen de acuerdo a ello, con plenitud”.  La Doctrina Secreta, VI, 84.  E. P. BLAVATSKY

M.·.M.·. L.CARLOS MORALES


 

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