El Masón y Dios

El Masón y Dios

Esoterismo Masónic

Según el Diccionario de la Lengua Española editado por la Real Academia Española, el esoterismo se define por su cualidad de esotérico, dando a este adjetivo los siguientes significados:

1) Oculto, reservado

2) Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente

3) Se dice de la doctrina que los filósofos de la Antigüedad no comunicaban sino a corto números de discípulos y

4) Dicho de una doctrina: Que se trasmite oralmente a los iniciados.
El diccionario esotérico Zaniah expresa que éste vocablo procede del griego “eiso – theo” que significa “yo hago entrar”, es decir darle paso al conocimiento de una verdad oculta. El mismo diccionario califica al esoterismo como “la síntesis de la divina sabiduría, la verdad, la eterna realidad de las cosas”. De la etimología de la palabra “esoterismo” surgieron una serie de características comunes en las definiciones:

1) “Eso” significa “adentro”: el esoterismo es, pues, la ciencia de lo interior, de lo oculto, de lo íntimo, de las cualidades ocultas y de los conocimientos reservados.

2) “Ter” marca una oposición: el esoterismo es una disciplina que separa a los hombres en dos partes: Los que poseen la gnosis, el conocimiento (iniciados) y los que no la poseen (profanos). Pero no cualquier conocimiento sino aquel que permite develar el misterio divino.

3) Las palabras terminadas en “ismo” designan doctrinas por lo tanto el esoterismo es una teoría. Una teoría avalada por la experiencia humana.
El alma de la Masonería, es decir su aspecto subjetivo, se vivencia en el campo de lo interno, de lo profundo, el campo del Ser, es decir de lo esotérico, de lo reservado a los iniciados. Se trata de una vivencia de trascendencia y por ende excede el campo puramente racional. Pero exceder lo racional no significa lo irracional sino lo transracional, significa integrar la Razón y la Fe en un nivel superior de comprensión.

Conceptualizamos el esoterismo masónico como el proceso de introspección interior, de búsqueda y vivencia espiritual, que se funda en principios tales como los de correspondencia, analogía y sintonía entre el microcosmos y el macrocosmos, entre lo interno y lo externo, entre el mundo y el hombre, entre la materia y el espíritu, proceso que obedece a leyes naturales.

Esa armonía, esa sintonía que debe existir entre la percepción humana del microcosmos y del macrocosmos es lo se puede llamar la sabiduría del camino del medio, la sabiduría del sendero iniciático. Sendero que debemos recorrer de la mano de las dos grandes capacidades con que Dios privilegió al Hombre: la inteligencia racional y la inteligencia intuitiva, la razón y la fe.
No puede, no debe haber incompatibilidad entre aquello que creemos a través de la luz sobrenatural de la fe y aquello que conocemos por medio de la luz natural de nuestra inteligencia o ciencia.
Afirmar la razón contra la fe, o afirmar la fe contra la razón son, paradójicamente, actos de fe absurdos. Y la auténtica fe nunca es absurda como la razón verdadera nunca es incrédula. Lo verdaderamente absurdo es cortar el diálogo entre fe y razón. La fórmula áurea del diálogo entre fe y razón, que debe iluminar nuestro camino iniciático, ya la formuló con meridiana claridad Agustín de Hipona (354 a 430), diciendo “Creo para entender, entiendo para creer” .

Con esta fórmula San Agustín sintetiza la armonía fe/razón. La fe no es un obstáculo hacia una mayor comprensión del mundo (“creo para entender”) y la razón busca razones para la fe (“entiendo para creer”). Por eso la doctrina masónica postula la existencia de una Fe iniciática que se nutre de la razón y de la intuición y que nos lleva a la evidencia cierta de la existencia del Gran Arquitecto del Universo.

No obstante, debemos reconocer que el camino de la fe iniciática no está exento de aptitudes fundamentalistas. Cuando se resta importancia, se desmerece o ignora el papel de la inteligencia intuitiva, de la fe, en la búsqueda de la Verdad podemos caer en el racionalismo pero cuando se adopta la posición contraria y se considera que el papel de la razón es irrelevante podemos caer en el fideísmo.
7b20d0275aAmbos fundamentalismo son negativos para nuestro progreso en el camino iniciático. Las enseñanzas esotéricas en la Orden Masónica se trasmiten a través del simbolismo constructivo fundado en los significados de las herramientas de los constructores de edificios.

El verdadero fundamento del simbolismo constructivo es la correspondencia que existe entre todos los órdenes de la realidad que los liga uno al otro. Se extiende desde el orden natural, tomado en su conjunto, al orden sobrenatural en si mismo. En virtud de esa correspondencia, la naturaleza en su totalidad no es en sí misma más que un símbolo.
Un antiguo maestro expresó: “el Universo no es más que la cara visible de Dios”. Dentro del concepto de símbolo incluimos el Ritual que es el símbolo en acción. El Ritual es el vehículo de transmisión de una influencia espiritual que opera el proceso de transformación subjetiva en lo más profundo del iniciado.

Los Rituales como actos humanos consientes activan los arquetipos que moran en el subconsciente del Hombre e iluminan su interior, de ahí la importancia que los mismos sean practicados en forma justa y perfecta. El gran terapeuta masón Carl Gustav Jung fue quien acuñó el término “arquetipos” para referirse a ciertos elementos que existen en el “inconsciente colectivo”, fundamento del “inconsciente personal” y que vincula al individuo con el conjunto de la humanidad. Ejemplos clásicos de “arquetipos” son Dios, Madre, Padre, Nacimiento, Muerte, Justicia, Amor, Sabiduría, etc.

Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquetípicas. Reconoció que lo que llega a nuestra conciencia son siempre las imágenes, o sea las manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos las que – según él – “nos impresionan, influyen y fascinan»”.
Jung comprobó experimentalmente que la imagen de Dios es uno de los grandes arquetipos que está arraigado en la plenitud del Ser y que el poder de esta imagen es mucho mayor que la de la voluntad consiente y personal.

Según Jung, es así porque el poder de la imagen de Dios y no la voluntad, participa del inconsciente colectivo que tiene acceso a los ilimitados recursos colectivos del Ser. El simbolismo constructivo, como método masónico de transmisión del conocimiento, es uno de los principios fundamentales de la Orden (landmark) y, según la tradición masónica, tiene su génesis en el Templo de Jerusalén, mandado construir por el Rey Salomón hace 3.000 años.

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El Templo de Jerusalén expresa arquitectónicamente el matrimonio sagrado entre la Tierra y el Cielo, porque su construcción se efectuó conforme al modelo cósmico. Según este modelo, el mundo terrestre aparece como el reflejo del mundo celeste, y en íntima comunión con él.
Geométricamente esa unión se expresa mediante dos triángulos entrelazados, y el uno siendo reflejo del otro, figura que es conocida como “Sello de Salomón” o “Estrella de David”. Podríamos decir que el Templo de Salomón está en la esencia misma de la Masonería, que actualiza permanentemente su contenido espiritual a través de sus ritos y símbolos, empezando por la propia logia, que tiene en él su modelo o prototipo.

Esta actualización también se lleva a cabo en sus mitos y leyendas ejemplares que recogen los episodios más significativos de su historia sagrada. Lo poco que se sabe acerca de los antiguos rituales de la Masonería operativa, nos indican que habían tres celebraciones significativas en torno al Templo de Jerusalén: a) La conmemoración de su fundación. b) La conmemoración de la muerte del maestro arquitecto del Templo. c) La Ceremonia de dedicación del Templo.

La primera se celebraba durante la época de la Pascua Judía concretamente durante el mes abril, el segundo en el calendariojudío, donde habría comenzado su construcción. Abril es el llamado mes de las “espigas”, pues en él empiezan a crecer en el hemisferio norte por el ímpetu renovado de las energías vitales de la naturaleza.

La segunda conmemoración, la muerte del maestro arquitecto del Templo tiene lugar el 2 de octubre, coincidiendo con la fecha judía del Yom Kipur o “gran perdón”, época en que la frutos maduran en el hemisferio norte, pero que también anuncia el jubileo y el juicio final, los que coincide con el fin de los tiempos y el descenso de la Jerusalén Celeste sobre la tierra.

La tercera conmemoración, la ceremonia de dedicación del Templo, tiene también lugar durante el mes de octubre, el día 30, y su desarrollo está marcado por la lectura de los pasajes bíblicos en donde se menciona las palabras de Salomón dirigidas al Señor (Dios) invocando su presencia en el tabernáculo del Templo recién terminado.

Se trata de la consagración del Templo, cuya edificación había durado exactamente siete años, número simbólico que asimila su construcción a la creación del mundo, que fue formado según el Génesis en “siete días” o ciclos temporales.
En definitiva, para los masones, la arquitectura es el arte de las artes, y significa construir de acuerdo con el diseño (el Templo de Salomón) y la finalidad (el perfeccionamiento espiritual y el servicio a la humanidad, de acuerdo al mandato bíblico: “amarás al prójimo como a ti mismo”).
La arquitectura continúa siendo el arte de las artes, al margen que se esté construyendo un edificio, como en la Masonería operativa, o se esté planificando una vida humana, como sucede en la Masonería especulativa. Según la creencia masónica, implícita en su esoterismo, la ciencia de cómo se construyó un edificio real proporciona la sabiduría de cómo construir un templo espiritual en la propia alma (Templo interno donde mora la Divinidad) y colectivamente para el conjunto de la humanidad (Templo de Fraternidad Masónica Universal que albergue a todos los hombres del mundo de buena voluntad).

El esoterismo masónico, a través del camino iniciático, no busca la iluminación, como sinónimo de perfección, por la perfección misma sino, también, como medio de servir a la Humanidad. La Masonería, a diferencia de otros esoterismo, no cree en la utopía de que la Humanidad será perfecta cuando todos los hombres lo sean (iluminados), sino que aspira a que sus adeptos se apliquen simultáneamente a la construcción del Templo interior y colaboren conscientemente en la construcción del Templo exterior de la Fraternidad Masónica Universal, basado en el concepto de que todos los hombres (no solamente los masones) son hijos del mismo Padre (Dios) y por ende hermanos.
La Fraternidad es el perfume de la flor del amor. Sin Fraternidad no hay Masonería y el llamado masón se transforma en un profano con mandil. El esoterismo masónico se distingue, además, de los otros esoterismos por adoptar el simbolismo constructivo como método de transmisión del conocimiento. El esoterismo masónico no riñe con los sistemas filosóficos ni con los científicos, los abstrae por medio de sus símbolos y alegorías. La ciencia tiene un lenguaje propio, un método particular.

El esoterismo masónico tiene otro lenguaje. La ciencia no es simbólica, es positiva; su método no es iniciático. Es diferente aprender física cuántica a ser exaltado al sublime grado de Maestro Masón. Grandes científicos, que también fueron masones, jamás pusieron en duda esta verdad. Su formación científica no riñó con su formación masónica; por el contrario se complementaron. Eran mejores científicos y mejores seres humanos.. Para ellos el discurso interior del hombre (microcosmo) y el exterior (macrocosmo) se correspondían en una cosmovisión armónica de Dios, el Hombre y el Universo.

El estudio criterioso de los orígenes de la Masonería y de su realidad ontológica, nos permitió visualizar la evolución de su contenido esotérico desde la Masonería operativa hasta la Masonería especulativa, teniendo en cuenta los distintos pensamientos o escuelas que tienden con frecuencia a presentarse como el esoterismo en sí mismo, como la verdadera Tradición, en oposición a otros caminos.

Incluso llegan a negar la calidad esotérica a quienes no comparten su sectarismo. Consideramos que el trabajo iniciático no es un trabajo puramente intelectual sino que es una experiencia vivencial; pero resulta que de la experiencia se puede hablar sólo a través del lenguaje (los datos de la experiencia no hablan de por sí) y el lenguaje es un acto intelectual. Negar el lenguaje equivale a renunciar a hablar de la experiencia. En otras palabras, cuando utilizamos el lenguaje para hablar del trabajo iniciático no significa que consideremos al mismo como un “trabajo puramente intelectual”.
Por eso señalamos con meridiana claridad cuáles son las particularidades del esoterismo masónico:
1º) La Razón (inteligencia racional) como capacidad única y exclusiva del ser humano que le permite desestructurar las formas para que la Fe (inteligencia intuitiva) pueda llegar a aprehender la esencia de las cosas que hace posible la Unidad en la Diversidad.
2º) El modo iniciático, basado en el simbolismo constructivo, como método de transmisión de las enseñanzas esotéricas.
3º) El “constructivismo” como su objetivo: la construcción simbólica del Templo de Jerusalén, es decir la construcción de una sociedad conforme a los principios y virtudes de la Masonería (libertad, igualdad, fraternidad, fe, esperanza y caridad), de manera que se pueda asegurar a la humanidad, y por ende a los hombres que la integran, su perfecto desarrollo.

Se trata no de buscar la iluminación, como sinónimo de perfección, por la perfección misma sino como medio de servir a la Humanidad. La Masonería, a diferencia de otros esoterismo, no cree en la utopía de que la Humanidad será perfecta cuando todos los hombres lo sean (iluminados), sino que aspira a que sus adeptos se apliquen simultáneamente a la construcción del Templo interior y colaboren conscientemente en la construcción del Templo exterior de la Fraternidad Masónica Universal, basado en el concepto de que todos los hombres (no solamente los masones) son hijos del mismo Padre (Dios) y por ende hermanos.
4º) La Fraternidad como expresión de la Unidad en la Diversidad de la Hermandad Masónica.

 

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